jueves, 13 de agosto de 2015

¿Cómo reconocer a alguien con alcoholismo o dependencia alcohólica?



El alcoholismo o dependencia alcohólica es una enfermedad devastadora para el paciente y todo su círculo familiar y social, muchas son las personas que a diario caen en esta espiral de autodestrucción de la cual pocas pueden contar con desenlaces felices al contrario de la gran mayoría que cursa con deterioro grave, secuelas, pérdidas o inclusive la muerte 



La tolerancia sobreviene primero, se refiere a una especie de entrenamiento, que le permite al bebedor tomar cada vez más alcohol. El bebedor está obligado a aumentar la dosis para obtener el efecto necesario. El efecto, en este estado, no es tanto un placer como una "necesidad". Si esa necesidad se torna cotidiana, aparece el primer estadio de la dependencia.

El fracaso de las decisiones de moderación es una experiencia común en todos los dependientes del alcohol. Comienza por la incapacidad repetida de pararse después de la segunda o tercera copa. Este comportamiento puede observarse desde el principio de la carrera bebedora, aunque las embriagueces no son aún más que episódicas. Constituye ya un déficit de libertad, aunque es habitual considerarlo al principio como signo de alarma más que como prueba de dependencia. 


La reaparición del deseo de beber alcohol, una vez desaparecido el efecto, es propia de la primera etapa de la abstinencia. Preventivamente, la persona toma una copa cada vez que va a salir su casa.

La convicción de estar metido en un círculo vicioso se instaura pronto o tarde, con intermitencias. Tan pronto aparece como desaparece. Los dos signos precedentes sugieren esta convicción, y el estado de abstinencia matinal se impone definitivamente. "No podría vivir sin alcohol, y tampoco podría vivir con él" (Alcohólicos Anónimos)

La obsesión por aprovisionarse de alcohol vuelve sin cesar. Una vez establecida la comunicación afectiva con el alcohol-dependiente, éste no suele negar su esclavitud respecto del alcohol.


Al cabo del tiempo se instaura un sufrimiento sobre esta esclavitud, y una desesperación por salir, desesperación continuamente ahogada en alcohol. "Los dos últimos meses, he bebido para matarme más deprisa y he conocido los sufrimientos del infierno, la rabia y la desesperación" (A.A.), observando Las botellas rojas, pintadas por Nicolás de Stael poco antes de lanzarse por la ventana de su estudio; cabría pensar que las botellas nos estarían dando un aviso.





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